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14 diciembre 2007

Capitulo II

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Capitulo II
¿Y este sentimiento?

Sigo aquí. Han pasado algunos meses y la verdad no me convence este lugar. Pero creo que he encontrado un motivo, una pequeña niña, es linda pero le tengo miedo. Algún día me atreveré a hablarle.

Era un jueves a las 9:15 de la mañana la vi. Ella igualmente me miraba fijamente, ambos dijimos “hola” y por un momento en mi pequeñísima vida me sentí feliz, no fue una gran conversación que digamos, pero al fin di un paso.

Una semana después. Ella de nuevo esta ahí, en los columpios, es hora de entrar en acción. -¿Cómo te llamas?-. Ella respondió – Gaby, y tu?-.
Tan difíciles se me hicieron mis primeras palabras que no supe que responder, ella se inclino y siguió columpiándose. Días mas tarde me saludo por mi nombre, yo le dije -¿Quién te dijo mi nombre?- Ella dijo que había preguntado a algunos de mis compañeros. Me extrañaba tener esas conversaciones tan breves, pero un día nos encontramos sobre las llantas de colores. Y platicamos durante todo el recreo, se me hizo eterno y fue muy agradable. -¿Qué te gusta jugar?, ¿Tienes bici?...-.
De un día para otro todo había cambiado, no me molestaba tanto ir todas las mañanas a ese horrible lugar, aunque se me hacia eterno la llegada del recreo.

Semanas después, paso algo grandioso, ella tomo mi mano, y todo dio vueltas, se sintió tan bien, era un niño y no se que fue eso que se movió en mi que no me importaba dar vueltas junto a una niña.

Para diciembre, todo era frió, se acercaban las vacaciones (yo ni siquiera sabia que era eso, pero mi madre lo decía con emoción) llego el día, la maestra dijo –Niños, hoy es el ultimo día de clases, nos vemos el próximo año...-.
Final? De que esta hablando, al parecer no fue tan malo todo esto, pero y que pasara.
Llegada la hora del recreo estuve con ella. -¿Sabes que hoy es el ultimo día?, ella respondió – Si-.
Que pasara?. –No lo se-. Ambos nos quedamos en silencio.

De pronto llego la navidad, y yo con mi familia esperando a Santa. Yo no aguantaba mucho y para las 10 me quedaba dormido, solo despertaba en la mañana y veía el pinito lleno de regalos. Las fiestas navideñas fueron grandiosas, no hay mucho que contar de ellas, pero fue bueno estar con la familia de nuevo.

Principios de Enero. Estoy de vuelta aquí, que sucede, ¿no era el final?. Por la mañana y sin muchos ánimos que digamos, después de unas largas vacaciones de pasármela jugando. Al menos sabia que había algo bueno esperándome.
Entrando la vi, le dije -hola, ¿como estas?- Ella no me vio muy feliz.
Tuvimos una platica extraña, me dijo que ya no podía ser mi amiga.
-¿De que estas hablando?-
Ella no entiende que es necesario que se quede aquí. Camino y se marcho cabizbaja, yo no me contuve y huí hacia las puertas, ya estaba cerrado, no podía salir, me aferré lo mas que pude a esas rejas llenas de ilusiones.

No había mas que decir, seria el comienzo de algo triste en mi vida de nuevo. El tiempo nunca hizo bien, y créanme que no lo ara. Las personas no cambian, lloro a los 4 años y aunque lo intente en este futuro no lo dejo de hacer.
En mi futuro la vida no ha cambiado mucho, tengo pesadillas, que en algún momento pudieron ser alegres momentos o con la esperanza de que en un futuro aun mas lejano se conviertan en Déjà vu’s felices.

Pero esto ya corresponde a otro fragmento de historia.

[...]

12 diciembre 2007

Los Cerdos no vuelan.

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Alguna vez alguien me dijo que los cerdos no vuelan y no es cierto. Yo recuerdo verlos sobre las montañas, con sus enormes alas.
Es como decir que la luna no es de queso, es como ignorar un sueño.
Los cerdos vuelan, quisiera ser como ellos, con sus patas de salchicha y su panza de jamón.

Los cerdos vuelan, batallan un poco por su sobrepeso, al fin de cuentas ellos vuelan y yo no.

Se esconden tras las nubes, pues temen que los vean. Sus cuerpos rozados se mueven con tal facilidad que yo no puedo, y me enferma, los odio tanto. Me escondo entre los arbustos, los veo entre nubes y bajo la luz de luna. Me enferman, ellos pueden y yo no.

Me he decidido a deshacerme de ellos, tengo las herramientas necesarias. Unas manecillas puntiagudas de reloj, los pinchare, el tiempo se detiene. Al fin yo ganare.
Caen como bombas al suelo, no queda nada en el cielo, el viento no sopla y ya no quedan cerdos.

Estoy triste, después de todo no es lo mismo, estar recostado sobre el césped y ver el cielo solo, el aire seco y no mas esos extraños cuerpos.
Aun conservo sus alas, las tengo guardadas. No se si las extrañen, yo los extraño. No es lo mismo verlos caminando.
Ha pasado tiempo o tal vez no, nada se mueve; ni la luna, ni los cerdos, ni yo. Se han partido las manecillas del reloj.

10 octubre 2007

El regreso de los hombres topo.

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Todo comenzó hace muchos años en una pequeña ciudad de Canadá, cuando hubo un ataque masivo de estos seres. Nadie sabia con exactitud que eran. Pero yo... yo si.
Me aterraba hablar de ellos, con sus enormes garras, median mas de dos metros y tenían un cuerpo lleno de pelo. Eran ciegos, pero eso no les quitaba su agilidad al moverse, vivían en la oscuridad y salían de entre la tierra para atacar.

Ya hace varios días atrás de esto tuve un encuentro con ellos, estaba en el bosque de paseo. Apenas era un niño, no pude soportar eso, ver como esas criaturas destazaban sin esfuerzo a esos pobres animales, sin mas pensarlo huí de ese lugar, pero ellos detectaron mi presencia, estaba corriendo lo mas fuerte que podía; me sentí aliviado al no verlos detrás de mi, pero la sorpresa fue verlos salir de entre la tierra. Yo me quede inmóvil, ni siquiera podía respirar, pero me desconcerté al ver que ellos no notaron mi presencia y se fueron.

Tiempo después de esto se escuchaba por las calles rumores de que en el bosque había un monstruo que mataba a los animales sin piedad, yo por supuesto sabia que eran ellos.

Se hizo una junta; toda la ciudad se había reunido para encontrar a ese supuesto monstruo, pues se decía que no tardaría en llegar a atacar nuestra ciudad, pero nadie tenia la mas mínima idea de que eran esas criaturas; en ese momento yo hable. –Son hombres Topo-.
Todos se echaron a reír, pero yo seguía insistiendo –Es verdad, yo estaba en el bosque cuando los vi-.
Nadie me tomo en cuenta, así que mejor salí de ahí.

Un grupo de personas se reunieron para ir en busca del monstruo, insistí en que no fueran pues ellos eran muy pocos para los hombre topo. Una vez mas rieron y dijeron –¿Y que nos pueden hacer unos cuantos topos?- Se fueron pero no volvieron a regresar. Después un segundo grupo fue en búsqueda de ellos, encontraron a uno muy malherido y lo llevaron a la ciudad para ver que es lo que había sucedido. –El niño tenia la razón, son hombres topo y son demasiados, mataron a todos los demás, no se como es que pude sobrevivir a eso-.

El alcalde dijo que tendría que intervenir el ejercito, ese fue un grave error.
Llegaron cientos de soldados al bosque en busca de ellos, encontraron a uno y comenzaron a atacarlo, murió muy fácil, uno de los soldados dijo –Si esto sigue así, terminaremos muy pronto-.
En ese momento empezaron a caer los soldados –¡Están debajo de nosotros!- Grito uno. Disparaban hacia el suelo pero no pasaba nada, seguían cayendo los soldados y solo se escuchaban gritos de agonía. La mitad de ellos alcanzo a escapar.

Poco basto después de el ataque de los soldados, para que los hombres topo llegaran a la ciudad para atacarnos. Era una noche normal, entonces empezaron a salir de entre el suelo, ¿Como podrían romper con tanta facilidad el pavimento?.
Se llevaron a muchas personas y otras las dejaron muertas en el suelo, todo fue tan repentino, nadie podía creer lo que estaba sucediendo.

Esto necesitaría medidas mas drásticas, ¿Que se podría hacer en contra de esas criaturas? A mi punto de vista eran invencibles, eran muy veloces y no podían ser vistos ya que salían del suelo sin que nadie se diera cuenta.
Habría que idearse un buen plan, nadie estaba seguro en sus hogares, en cualquier momento podrían llegar ellos.

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04 octubre 2007

Capitulo I

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Esta historia trata sobre un pequeño niño aproximadamente a la edad de cuatro años, que narra la historia de su vida.
Yo se las iré contando poco a poco.
Básicamente es la historia de su vida, como va creciendo sus pequeños amores y sus miedos.
Quien diría que un niño pudiera vivir tantas cosas, y no todo trata sobre jugar y ver la televisión. Desde mi punto de vista es ver como piensa un niño, haber que piensan ustedes.

Capitulo I
El Inicio

Todo comenzó un lunes por la mañana, a decir verdad, de ahí para atrás no queda nada, solo recuerdos vagos de una motocicleta y un costal de juguetes. Ya que al parecer este lunes fue el inicio de su memoria.

Era el inicio de clases, el pequeño niño ingresaba a el jardín de niños, el iba con temor, ¿quién querría abandonar su hogar después de algunos años de no salir de ese refugio? Al despedirse la madre, el se aferró con todas sus fuerzas a ella y con lagrimas en los ojos ambos fueron despedidos, -“No te preocupes, en pocas horas regresare por ti”- exclamo la madre.
El niño no quería, sabia que no seria fácil, pero al final tuvo que partir.

Al entrar a su aula, el trato de calmarse, ya que vio que estaba rodeado de niños como el, con temor y que no sabían que era lo que hacían ahí. Solo había miradas, ninguno se atrevía a hablar; hasta que una señora llamada “Maestra” dio el primer paso.
-Hola niños, yo soy la Maestra, bienvenidos a el jardín de niños, espero que se la pasen bien-
Algunos aun con lagrimas en los ojos la miraban con terror, -Usted no es mi madre- pensaba en mi interior.

Y así fueron las cosas por varios días, uno se tendría que ir acostumbrando poco a poco con el paso del tiempo, aunque aun así entre tantos niños me sentía solo. No creía aguantar por mucho tiempo esto, además de que me sentía como esclavo. A mi no me gustaba dibujar ni pintar en mi casa, y una señora llamada Maestra me obligaba, eso era injusto.
Semanas mas tarde fui conviviendo con mas niños, no eran muy agradables, pero cualquier cosa era mejor que estar solo sentando en un rincón.

Las tardes en casa no eran iguales, por que no había nadie, al menos antes tenia las mañanas con mi madre, pero ahora que ella se va al trabajo igual que mi padre, es difícil, pasaba las tardes viendo la televisión con mi hermano aunque, no se por que extraña razón terminábamos peleados y para la noche que volvía mi madre nos regañaba por encontrarnos a ambos llorando, ¿quien puede dejar a unos niños que viven peleando la mayor parte del día solos? Aunque los pequeñísimos instantes de diversión eran buenos.

Tendría que acostumbrarme a este nuevo tipo de vida, llevo varios días y no ha pasado nada, creo que podría aguantar unos cuantos días mas, no creo que esto de la “escuela” dure mucho tiempo, ¿O sí?.

Hable demasiado pronto.

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